lunes, 30 de diciembre de 2013

Artículo: Letras y taninos


Letras y taninos


Foto obtenida en enoarquía.com
Decir que los taninos son al vino lo que las letras al libro, sería decir una formidable mentira, al menos en parte, pues si los taninos constituyen una sustancia química que se encuentra en las plantas, semillas, hojas o pieles de frutas, entre otros, con la característica de que al vino añaden amargor, astringencia y complejidad, entonces no es tan disparatado afirmar que los libros, algunos de ellos, o quizás muchos, también gozan de aquellas propiedades. Tampoco hace falta traer ejemplos. Serían interminables. Bueno, uno sí que traigo: Una cuestión personal de Kenzaburo Oe (1964), el libro que estoy leyendo en estos momentos, y que tiempo habrá para hacer alguna reseña en condiciones. 

Kenzaburo Oe
Además de la mayor o menor relación que puedan tener los taninos con las letras, lo cierto es que el título de este artículo me pareció de lo más sugerente, sobre todo cuando se entremezcla el entretenimiento que proporciona el vino con el que suscitan los libros, aún más encumbrado que el primero aunque se lo revista luego -el vino- con términos emperifollados y que a mi me divierte enunciarlos casi tanto como leer un buen relato de Poe. Beber vino y leer mientras lo hago no me suele sentar bien. Básicamente me pierdo, o me disperso, alegremente, también arriesgadamente, y después acabo por no enterarme de nada. Cosa distinta es ir a tapear por ahí de la mano de un buen vinito y combinarlo con la visita a alguna librería, sin necesidad de profundizar en los textos, alcanzando simplemente con la sinopsis y la firme y sobria voluntad de adquirir un ejemplar la próxima vez que la visite. Y con más razón si la librería es singular y un tanto apartada del concepto más convencional y aburrido que solemos tener de una librería.

El jardín del hada
De vinos entiendo más bien poco, y casi que me echo a la boca lo primero que me pongan por delante. Menos mal que los amiguetes con los que acostumbro a dispersarme poseen un buen criterio enológico y yo me aprovecho de ello, lógicamente. Fue así como, tras darme una vueltecita por la librería La sala de máquinas, en la ciudad de La Laguna (Tenerife), y de la que hablaré seguidamente, fuimos a parar a El jardín del hada, una tasca inédita para nosotros, de estilo rústico y con gusto, y ubicada en los alrededores de la catedral de la ciudad. Aquí cayó una copa de Marqués de Atienza (para ellos) y otra de Brumas de Ayosa blanco afrutado (para ellas). El solomillo troceado a la mostaza que compartimos estaba muy rico. Luego nos dejamos caer por la tasca San Cristóbal, muy cerca de la Plaza de la Concepción, y aquí dimos buena cuenta de un vino tinto Recorba para acompañar unos huevos rotos con chorizo, una rueda de montaditos variados y unos curiosos hojaldres rellenos de morcilla. Pero como esto no es una guía gastronómica, ni enológica, y ni sabría cómo confeccionar una, regreso al verdadero motivo de estas líneas, que no es otro que comentar el descubrimiento que para mí supuso la pequeña, encantadora y muy bien intencionada librería La sala de máquinas.

La sala de máquinas
En realidad iba buscando unos libros para regalar en el día de Reyes. Algo relacionado con el mar, los barcos o la navegación en general. Prosa, poesía o teatro, me daba lo mismo. Quizás Las aventuras de Gordon Pym (PoeY que además fueran ediciones bonitas, y algo antiguas si se daba el caso, no sé, de los años cuarenta, cincuenta o sesenta del siglo pasado. Esos libros no aparecieron, pues habrían sido vendidos, intercambiados, soltados o prestados. Y digo bien, ¡intercambiados, soltados o prestados!, pues no es otra la filosofía de esta librería, y de Pepa Alemán, una de las responsables con las que tuve la ocasión de charlar un ratito, para darme cuenta, casi al instante, de que aquella librería escondía un propósito y un vínculo cultural mucho mayor de lo que su pequeño espacio contaba a priori. Los libros de navíos y navegantes no aparecieron, fue una pena, pero seguro que alguien los devolverá más tarde o temprano a través del mismo sistema de reventa, trueque o préstamo. Pero de allí salí con una Biblia de 1960, más bien chiquitita, y sobria. ¿La razón? ¿Que es Navidad...? La verdad es que nunca tuve una Biblia (bueno, una para niños creo que sí), y ya me daba vergüenza que habiendo estudiado Historia no poseyera la que es considerada la fuente histórica más importante de la época que el libro trata de recrear, y creo, dicen, que el libro más leído del mundo, con permiso de Dan Brown.

También me llevé, a recomendación de Pepa Alemán, una antología de escritores universalmente desconocidos, así, tal y como suena, titulada La nación de los olvidados (2011) de Omar Salle, que presenta el libro, y de La sala de máquinas, que es quien lo edita. Todavía no lo he leído -tampoco la Biblia, salvo la que me susurra mi madre al oído de tanto en tanto- así que no me atrevo ni a decir dos palabras sobre el mismo. Aún con todo, La nación de los olvidados tiene muy buena pinta, y por cinco euros me lo agencié en la librería -lo mismo que me costó la Biblia-. Simplemente transcribo aquí la primera línea del libro y que cada cual que empiece a soñar: No hay escritores olvidados, sino escritores mal leídos. Pero lo más importante de esta pequeña pero preciosista librería, es el trasfondo que encierra. Está ubicada en lo que casi todos los que conocemos La Laguna es el Café Siete (C/ El juego, 7), en realidad a la entrada de la casona, compartiendo protagonismo y espacio con otros tantos mercadillos situados dentro de la casa "tomada", en su planta baja, y que además, esto sí fue un descubrimiento, forma parte de un tejido cultural mucho más amplio y caleidoscópico promovido por la Asociación Propulsada, y que merecería un artículo aparte. Quién desee saber qué es exactamente "la casa tomada", solo tiene seguir el siguiente enlace: La sala de máquinas pues nadie mejor que ella misma para explicarse a sí misma.

La sala de máquinas, pues, no es una librería al uso donde mirar, comprar e irse, sino donde catar, mercadear y seguro que regreso pronto. Puedes encontrar de todo si sabes mirar. Y si no lo encuentras, siempre puedes volver otro día a ver si alguien ha tenido a bien dejar allí un nuevo e inédito ejemplar que te pueda interesar. Cualquier clase de libro cabe en sus estanterías, o suelos: viejos o algo más nuevos, de derechas e izquierdas, para niños y adultos... No digo más. Únicamente, ¡feliz año nuevo!



Carlos Benítez


Descárgate el artículo en pdf: el guelde en la cazuela


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UNA CUESTIÓN PERSONAL (8ª ED.) (EN PAPEL)


LA NACIÓN DE LOS OLVIDADOS (PAPEL)




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