martes, 14 de enero de 2014

La autoedición sin recursos

La autoedición sin recursos. Algunas ideas

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Si tienes muchos recursos económicos o mucho capital social, tal vez este artículo no te sirva de mucho. Si no es así, quizás sí. A mí me ayudó escribirlo, para saber dónde estoy ahora, y más adelante, quién sabe, para recordarme de dónde vine. Son numerosísimas las ofertas que de autoedición que pululan por internet, muchas de ellas a precios asequibles, e incluso interesantes si solo se está pensando en la cuestión monetaria. Pues es esto (que te impriman el libro con su ISBN y maquetación en condiciones óptimas para el mercado), y no otra cosa, lo que creo que en general debe primar teniendo en cuenta que, y es mejor verlo así, todo lo demás dependerá de ti, que eres el que escribe. 
Si cuantiosas son las posibilidades de autoedición (basta con mirar la publicidad que inunda nuestras búsquedas en la web, como en este mismo blog, conscientes de nuestras necesidades de publicación) igualmente lo son los comentarios acerca de fracasos, estafas, y jalones de pelo derivados de un mal uso de la autoedición. Y hablamos de editar en papel, no en libro electrónico, que aunque vinculados creo que son procesos distintos. El error, pues, creo que radica en creer que los servicios de autoedición constituyen editoriales convencionales. Y aunque existen servicios de edición que se camuflan de editoriales al uso, es conveniente saber diferenciar unos de otras para no llevarnos sorpresas de mal gusto. Es cierto que existe la coedición (entre una editorial y el escritor)
pero de momento no me parece una buena opción, ya que tienden más hacia la autoedición por parte del escritor y a precios mucho más elevados que los ofertados por un servicio de autoedición que realmente se presenta como tal y no como otra cosa que no es. Lógicamente, y tal vez también legítimamente, el servicio de edición que se presenta como editorial, pretende asegurar el coste de la inversión de tu libro más un porcentaje de beneficio antes de que la obra salga al mercado. De ahí que sean más caros que un servicio de edición puro y duro, que aparentemente se conforma con la maquetación e impresión del texto. Por tanto, no hay que esperar que la editorial, una vez obtenido su beneficio, se preocupe de la comercialización de tu libro. Ésta es una labor que deberás desarrollar tú. Incluso habiendo sido publicado "gratuitamente" por alguna editorial convencional, la función de mover el libro te corresponde a ti. Tú eres el principal interesado en que se venda. Ah, y se me olvidaba... Lo de ir a una imprenta con tu libro, sin ningún tipo de sello editorial que te respalde de cara a los lectores, por muy nimio que sea aquel sello editorial, no me parece una gran idea.  

La palabra clave en la autoedición, desde mi punto de vista, es la autocomercialización, es decir, la visibilidad de tu obra la tendrás que llevar a cabo tú, actuando como tu propio agente literario. Debes saber hasta dónde estás dispuesto a llegar para mover tu libro y movilizar a los potenciales lectores, pues nadie lo va a hacer por ti. Dispones de múltiples herramientas en internet (webs, blogs, mailing, librerías online, etc.) para publicitar tu obra. Y también podrás llegar a acuerdos con cafés literarios, librerías, centros culturales, etc., para hacer una buena presentación del libro. Hecho esto, quién sabe si aquél cae en manos de un editor o un agente literario competente que lo pueda distribuir a una escala mayor. 

Y entonces topamos con la cuestión de la calidad literaria de nuestra obra, de si cabemos todos en un mercado muy competitivo y restringido como el literario. Yo pienso que no. Que no todos tenemos calidad y ni mucho menos cabemos en ese nicho de elegidos. Sí, lo sé, lo de siempre... Mi obra tiene calidad pero nadie me entiende, he visto libros por ahí que no merecen estar en las librerías, etcétera, etcétera. Esto ya no vale. No merece la pena seguir insistiendo en ello. Es así, existe la prevaricación en la cultura, los intereses comerciales y estratégicos, las filias y las fobias, como en todos los sectores. Mi padre quería que fuese jugador de fútbol de primera división, y creo que había calidad, pero no interés, ni padrinos, ni constancia en el entrenamiento, ni ganas de ejercitarse dos horas y media cada día cuando podía estar por ahí con los amigos echando una cerveza, hablando de cualquier cosa y soñando con chicas. 

Imagen obtenida en akifrases.com
La calidad es difícil de calibrar cuando no disponemos de recursos económicos ni relacionales (capital social) para que alguien nos de una opinión profesional y fiable. Siempre estará la familia y los amigos para hacer de correctores, con el resultado de que tu obra es siempre sublime o bien un auténtico bodrio. Es mejor ampliar horizontes, como en la distribución, y no conformarse con venderle únicamente a los amigos y familiares tu novela, que gustosamente comprarán por compasión. Bueno, todos no, algunos no querrán saber nada de ella por una extraña, incomprensible y tormentosa sensación de envidia revestida de desinterés. A saber lo que ocurriría si algún día llegases a ser un autor de éxito... Tampoco sirve de referencia para medir la calidad de tu libro los certámenes literarios por razones que ya expuse en una anterior entrada (¿Están dados los concursos literarios?). Quizás habría que hacerse con los servicios "gratuitos" de algún conocido, o conocido de conocido, que siendo un entendido de la materia (vamos, que lea con asiduidad o esté metido en el mundillo de la literatura) te haga el gran favor de leer tu manuscrito y hacerte las pertinentes críticas y correcciones. Personalmente, y habiendo solo autopublicado en formato ebook, al menos de momento, la experiencia me ha servido para sopesar dicha calidad a través de los comentarios y sugerencias de diversos lectores. Y estoy seguro de que igualmente me está sirviendo para mejorar. Sin calidad, es duro asumirlo, no hay autoedición posible que nos haga prosperar como escritores, siempre y cuando sea éste el propósito y no cualquier otro. Aunque la calidad, y todos lo sabemos o lo intuimos, es bastante relativa, pues también actúan otros factores para que la obra sea finalmente publicada: básicamente que sea comercial o que enganche con un determinado público. Y es lógico. Las editoriales son empresas. Tu libro es una empresa en sí misma. Y en parte debes verlo así. A mí me está costando horrores verlo de este modo, aunque poco a poco voy claudicando y entendiendo que las cosas que escribo deben ser más accesibles al gran público, entre otras cosas. Y sobre todo, mejorar en el estilo.

Imagen obtenida en humorparafreak.com
En conclusión, mi punto de vista es el siguiente. Si no consiguiese publicar por la vía convencional a través de una editorial (afortunadamente algunas cosas tengo por ahí) o al menos de algún intermediario (agente literario), incluso por medio de algún concurso literario, nunca optaría por un servicio de edición o coedición revestido de editorial, sino por un servicio de edición que se muestre como tal, y a partir de aquí tratar de distribuir la obra con todos los medios que hoy en día tenemos a nuestro alcance. El resultado será parco, quizás decepcionante, pero al menos no te habrás gastado una enorme cantidad de dinero que no tienes con una pseudoeditorial para obtener el mismo resultado pobre y decepcionante que con un servicio de autoedición auténtico. A veces este tipo de editoriales emplean el gancho del concurso literario, enviándote un correo electrónico para comunicarte que tu obra, no habiendo sido finalista, sin embargo tiene el interés suficiente para ser publicada, previo pago de una exigente cantidad de dinero. No creo que sea el camino, y lo he meditado largamente. Llegados a este punto, ¿por qué no crear tu propia editorial? Algunos casos también conozco en este sentido. Personas que hartas de no ver sus textos publicados, optan por desarrollar su propia iniciativa editorial. No sé, es una opción, aunque creo que la figura del escritor que uno lleva dentro se iría diluyendo en la del editor. Tampoco creo que sea tan sencilla semejante empresa, aunque sí ilusionante y apasionante.


Carlos Benítez

Descárgate el artículo en pdf: el guelde en la cazuela

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