martes, 14 de octubre de 2014

¿Libro de papel o libro electrónico? ...Tremenda cuestión.

¿Libro de papel o electrónico?
¿Libro de papel o libro electrónico? La pregunta va dirigida a los que escriben, sobre todo a los escritores noveles (...los otros no tendrán ninguna duda al respecto). Bajo mi punto de vista, la pregunta es una «tremenda pregunta» con la que hay que lidiar cada vez que pretendemos publicar alguna cosilla a la que le hemos dedicado un tiempo y cariño infinitos. Pero la cuestión no es tan tremenda si tenemos en cuenta que «todo» autor, sin pensarlo dos veces, de entrada preferirá ver su obra publicada en papel. Es un sentimiento tan arraigado y ancestral que no se puede ir contra él. El libro en papel es, en definitiva, algo así como «un objeto o un recipiente sacro», y, por definición, todo lo que se aleje de él tiende a caer en lo profano y hasta en lo sacrílego. No es extraño, por tanto, que cualquiera que escriba no quiera renunciar al libro en papel. Por no renunciar, incluso nos plantearíamos pagar... Los emprendedores más avispados, e intuyendo el negocio (y a mí me parece un negocio tan lícito como pertinente en los tiempos que corren), se han lanzado a ofrecer servicios de edición para cualquier autor que lo solicite, y con un coste más o menos asequible. Entiendo que somos los autores noveles el principal target de estos servicios edición (mucho cuidado, algunos se presentan como lo que son, y otros como editoriales), pues cansados de no conseguir publicar a través de los medios convencionales (envío de manuscritos a editoriales o concursos literarios principalmente), pero aún así queriendo ver nuestra obra en papel, nos dejamos seducir por ellos.

Visto el panorama, ¿por qué no empezar a publicar a través de un libro electrónico? No es papel, ni sagrado, pero el mensaje o la historia que queremos contar seguirá estando ahí. No aparecerá en las estanterías de una librería, pero... sí estará disponible a un golpe de clic en casi cualquier parte del mundo. No tendrá el apoyo de una editorial o de un agente literario, pero ahí están las redes sociales, las webs, los blogs, etc.

Este articulillo no es una apología del libro electrónico, solo reflexionar sobre lo que creo que es una necesidad y aportar alguna idea, pues el objetivo último, al menos uno de ellos, es conseguir publicar nuestra obra en papel, que esté en una librería, y que además el libro llegue a cualquier tipo de lector: muchos lectores siguen prefiriendo el tacto y el olor de un libro de papel (yo también). Sin embargo, mientras eso no ocurre, ¿por qué no intentarlo con un libro electrónico...? Lo podemos tomar como una experiencia, como un experimento, para matar el gusanillo si se quiere, o... ¡hasta para vender miles y miles de copias si hay talento, si hay una buena promoción, y mucha suerte! 

Editores, distribuidores y libreros no estarán de acuerdo con eso de la sustitución del libro físico por el electrónico, y es comprensible. Nadie en su sano juicio (salvo que sea por la defensa de los árboles o pertenezca a una generación que aún está por nacer) estará a favor de tal sustitución. No obstante, en vez de tirarnos todos de los pelos, quizás existan vías alternativas de colaboración: ¿por qué no atraerse al autor novel (y hablo de los libreros) y proponerles un espacio para presentar y vender su obra, aunque sea un ebook? ¿Por qué no beneficiarse de la red de lectores que el novel seguramente podría aportar llegado el momento? Incluso... ¿por qué no proponerles proyectos conjuntos de coedición? Este tipo de cosas ya se dan (por parte de los mencionados servicios de edición, que generalmente funcionan de forma online), pero habría que impulsarlas mucho más desde el ámbito de las librerías tradicionales, de tal modo que vean un nicho de negocio no solo en las novedades editoriales o en el último best seller, sino también en las ventas que les podría proporcionar el torrente de escritores noveles que existe actualmente. Este es un reto que todavía está por aceptar.

Gustavo Adolfo Bécquer
La tremeda cuestión (libro de papel o electrónico) tira del espíritu del escritor novel hacia un lado, hacia el del libro electrónico, es decir, hacia el lado de la razón (publicar un ebook es más rápido, barato y permite controlar el proceso de edición y venta); pero también hacia el lado del corazón, hacia el inspirador lado del sagrado y legítimo libro de papel (aunque no veamos un duro en ventas y hasta hayamos tenido que pagar por verlo publicado). ¿Qué diría Bécquer de todo esto...?






Sacudimiento extraño
que agita las ideas,
como huracán que empuja
las olas en tropel;

murmullo que en el alma
se eleva y va creciendo
como volcán que sordo
anuncia que va a arder;

deformes silüetas
de seres imposibles;
paisajes que aparecen
como al través de un tul;

colores que fundiéndose
remedan en el aire
los átomos del Iris
que nadan en la luz;

ideas sin palabras,
palabras sin sentido;
cadencias que no tienen
ni ritmo ni compás;

memorias y deseos
de cosas que no existen;
accesos de alegría,
impulsos de llorar;

actividad nerviosa
que no halla en qué emplearse;
sin rienda que lo guíe
caballo volador;

Locura que el espíritu
exalta y enardece;
embriaguez divina
del genio creador...
¡Tal es la inspiración!

*

gigante voz que el caos
ordena en el cerebro
y entre las sombras hace
la luz aparecer;

brillante rienda de oro
que poderosa enfrena
de la exaltada mente
el volador corcel;

hilo de luz que en haces
lo pensamientos ata;
sol que las nubes rompe
y toca en el cénit;

inteligente mano
que en un collar de perlas
consigue las indóciles
palabras reünir;

armonïoso ritmo
que con cadencia y número
las fugitivas notas
encierra en el compás;

cincel que el bloque muerde
la estatua moldeando,
y la belleza plástica
añade a la ideal;

atmósfera en que giran
con orden las ideas,
cual átomos que agrupa
recóndita atracción;

raudal en cuyas ondas
su sed la fiebre apaga;
oasis que al espíritu
devuelve con vigor...
Tal es nuestra razón.

Con ambas siempre en lucha,
y de ambas vencedor,
tan sólo el genio puede
a un yugo atar las dos.

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