lunes, 31 de agosto de 2015

Emoción y pensamiento se confunden: "El sueño de Alicia" (Eduardo Punset)

Esperando encontrar teorías de cuerdas, big bangs, cúmulos de galaxias o agujeros negros, sin embargo me topé con redes neuronales, sistemas nerviosos, plasticidad cognitiva y emociones positivas y negativas. Quizás todo está interconectado; de hecho, seguro que lo está. La sinopsis de El sueño de Alicia (una edición de bolsillo del sello de Planeta, Booket) anuncia algo tremendamente "atrevido", y que es compararse con una de las obras más carismáticas de los últimos tiempos, El mundo de Sofía. Ambas comparten un mismo principio inspirador: entreverar narrativa y divulgación científica, y cuyo hilo argumental es enseñar a través de los excelsos diálogos entre maestro y discípulo (...algo que ya hacían los filósofos de la antigüedad). A veces cuesta creer, desde un punto de vista narrativo, que los personajes puedan expresarse del modo en que lo hacen, es decir, de manera tan refinada y certera; pero seguramente es un recurso necesario, una concesión obligatoria que el autor emplea para el buen discurrir del libro y para alcanzar los objetivos que se propone: divulgar la ciencia sin banalizarla.

Engarzar narrativa y divulgación científica en un mismo libro no debe de ser nada sencillo, y de hecho, uno puede traspapelar el lado más literario de los personajes entre debates científicos de gran calado. El esfuerzo por lograrlo es notable, y si bien —y esto es una impresión absolutamente personal y subjetiva— no llegué a vibrar con los personajes, o con las partes más literarias de la obra, sí que obtuvo grabar a fuego en mi cabeza (o en mi "experiencia individual", como plantea el autor) un conjunto de "ideas fuerzas" que sin duda me harán replantear muchos conceptos hasta ahora dados por buenos. En un libro de tal envergadura como El sueño de Alicia, las ideas fuerza no se reducen a una, ni a dos o tres; está repleto de ellas, se cuentan por centenares. Pero por alguna razón que Punset sabría explicar, y que creo que lo hace en la obra, solo recordamos algunas de tales ideas. Yo me quedo con las siguientes: "El pensamiento racional y emotivo no pueden separarse", y "la experiencia individual puede trastocar nuestros genes". Ahora me conozco un poquito mejor, y entiendo por qué hago lo que hago en determinados momentos de mi vida.




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