jueves, 17 de noviembre de 2016

El World Café: mejor en una cafetería que en una fría sala de reuniones

En apenas un par de meses he tenido la oportunidad de participar en varias ocasiones en una interesantísima dinámica grupal de generación de conocimiento a través del diálogo colaborativo. (Y aún tengo dudas sobre si el World Café es una metodología, una técnica, una herramienta, un proceso... ¡O todas a la vez!). Tecnicismos aparte, lo cierto es que alguien llegó a la conclusión de que se generaban mejores ideas durante las tertulias de café en los descansos que en las reuniones concebidas para tal fin. De hecho, ¡quién no ha tenido alguna vez una "epifanía empresarial" apoyado en la barra de un bar y ha ideado una brillante idea de negocio en colaboración con sus amigos, apoyados también en esa misma barra! El World Café está inspirado precisamente en eso, en la construcción, por ejemplo, de una serie de ideas innovadoras en un contexto agradable, ameno, acogedor, etc. a través de la conversación, o mejor dicho, de conversaciones que se van entrelazando.

World Café en el barrio de Taco (La Laguna, Tenerife)
Imagínense, pues, a un grupo de veinte, treinta o cuarenta personas distribuidas, por ejemplo, en cuatro, cinco o seis mesas de cinco o seis miembros cada una, y que durante unos quince minutos conversan (café en mano) acerca de una pregunta o asunto (por ejemplo, ¿cómo veo a mi barrio?), y que tras esos quince minutos se levantan todos para buscar asiento en otra mesa (tratando de no coincidir con otras personas) para seguir conversando sobre la misma pregunta o asunto (ampliando, por tanto, el conocimiento colectivo que se está generando), o bien sobre una segunda pregunta o asunto (por ejemplo, ¿cómo mejoraría mi barrio?).

Tras varias rondas, tres por ejemplo, los participantes ponen en común las ideas, seleccionando aquellas más interesantes. Generalmente, un anfitrión dinamiza una mesa, y va realizando un resumen de lo conversado en cada ronda. Y he aquí un aspecto importante del World Café: las ideas no solo se verbalizan, sino que también se escriben (¡o dibujan!) en el mantel de papel dispuesto en cada mesa. Valen palabras, frases, conceptos, dibujos, símbolos, etc., todo aquello que el participante crea que contribuye al diálogo. Finalmente, las ideas seleccionadas se exponen en una pizarra, pared, panel, etc., para que todos los participantes tengan la posibilidad de acceder al conocimiento que ellos mismos han contribuido a generar.

World Café en el TEA (Santa Cruz de Tenerife)
La propia implementación de la dinámica ya debería, en mi opinión, operar un cambio (¿cognitivo?) en los participantes más allá del resultado, es decir, de las ideas o del conocimiento creado. La reflexión, la cooperación, el diálogo colaborativo, son aspectos que uno se lleva a casa y que puede extrapolar a su vida cotidiana o aplicar en cualquier otro ámbito. Se trata, pues, de aprender a reflexionar y a colaborar, de crear algo así como una cultura de la cooperación. Se me ocurre que un proceso de participación ciudadana, la innovación en el seno de una empresa, la realización de un estudio de mercado u opinión, e incluso una actividad formativa, son susceptibles de aplicar un World Café.




Vensicrees tapa blanda

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